Llevo un par de días sin escribir y parece que hasta me aprieta el mono. Ahora mismo estoy en uno de los ordenadores de la sala de usuarios del edificio de Matemáticas y, como este chisme es más o menos igual de cutre que el mío, prácticamente me siento como en casa

No hay nadie. Estoy yo sola. Hace un minuto había una chica tecleando a toda velocidad, acompasando el rítmico sonido de sus pulsaciones con el de las mías. Pero le he ganado: ella se ha ido ya y yo sigo aquí aporreando el teclado.

Me encontraba hace un momento en la biblioteca, pero estaba entrándome un sueño infernal: me era imposible mantener los párpados a una altura que me permitiese distinguir letras de números. He decidido, en pro de no ser la distracción de la gente hoy (que me miraba como se mira a alguien que se tropieza ridículamente por la calle e intenta disimularlo), salir a tomarme un café de la máquina de los cafés (sin azúcar, que se ha acabado) con un bollo de la máquina de los bollos.

Puestos a descansar -he pensado-, descansemos como Dios manda y vayamos a visitar La Coctelera para dejar constancia de este maravilloso tiempo de estudio perdido. Y por eso estoy aquí, ahora.

De todos modos no tardaré en irme. Esto es, en verdad, un mero intento de despejarme. No pretendo escribir mucho más. De hecho, tampoco debería hacerlo si mi intención es aprobar alguna asignatura. Así que lo dejamos aquí, queridos anibokeamigos. Nos veremos pronto, seguro: es probable que de aquí a cinco minutos regrese porque no soy capaz de mantener los ojos abiertos delante de los apuntes